miércoles, 25 de febrero de 2015

02

Antes de comenzar este capítulo quiero decirles que no es necesario comentarla a esta novela. Yo esto lo hago por ''hacer algo''. Esta nove no tiene muchos besos (de echo tiene dos) ya que los protagonistas son de séptimo grado, en este caso tienen entre 12 y 13 años y no da para ponerle besos. Tal vez si exista más Fallen Map con los chico crecidos existan mas cosas románticas. Laliter y Niceuge no significa solo ''pareja'' sino puede ser una amistad, hermanos, parientes, etc. Eso, disfruten.

02

Si se iban a encontrar esa tarde debía ser para algo importante, iba pensando Paula, mientras golpeaba las paredes con el rollo de cartulina que había llevado para hacer la lámina del aparato respiratorio. La maestra no había dado ningún trabajo en grupo, así que no se iban a reunir para hacer tarea. Tampoco era el cumpleaños de nadie. No iban a ir a la plaza para andar en bicicleta, porque cuando los chicos salían en bici siempre iban solos, no con las chicas.
Si iba Eugenia, seguro que también iba Mariana, porque siempre andaban juntas. Y si iba Peter, seguro que también iba Nico, porque a Peter solo, nunca se le ocurriría nada.
Había cuatro, seguro, en esa reunión, pero, ¿Iba alguien más? Eso lo podía averiguar por teléfono. Podía llamar uno por uno y preguntarles si esa tarde iban a la casa de Peter.
¿Y si todo el grado iba a la casa de Peter y no la habían invitado? No. No creía. Nunca nadie había podido organizar una fiesta sin que ella se enterara. No era una fiesta, aunque... ¡la fiesta lo podía organizar ella! Aunque, si ella no podía ir a lo de Peter porque no la habían invitado, lo que si podía hacer; ¡era arruinarles la reunión, o la fiesta, o lo que fuera!
Contenta con su idea metió la cartulina en la mochila y apuró el paso. Tenía poco tiempo, si quería que todo saliera bien.

A las cinco de la tarde, sonó el primer timbre en la casa de Peter. Peter atendió el portero eléctrico y escuchó la voz de la madre de Lali.
-Peter..., ¿está tu mamá?
-Se está bañando -mintió Peter rápidamente.
-Bueno, acá de la dejo a Lalita. A las siete la vengo a buscar. Pórtense bien.
Peter salió a esperar a Lali en ascensor.
-¡Hola! -saludó, mientras abría la puerta del ascensor con un aparatito de control remoto que acababa de inventar-. ¿Cómo hiciste para que te dejaran venir?
-Le dije a mi mamá que teníamos que preparar un trabajo en grupo para Naturales -dijo Lali mientras intentaba cerrar la puerta del ascensor-. Che, se trabó la puerta -avisó.
-Ya sé, mi control remoto sirve para abrirla, pero se traba en la mitad y después no cierra. Lo tengo que perfeccionar.
-¿Lo hiciste vos? -a Lali le sorprendían los inventos de Peter, aunque no podía entender cómo le divertía perder el tiempo con eso.
-Sí, nena, ¿no te acordás que te conté? Pero así no sirve. Para mí, es la botonera. Espera que lo desarmo.
Peter se metió en su casa y dejó a Lali forcejeando con la puerta del ascensor.
-¡Peter! -gritó Lali-. No la puedo cerrar.
Pero Peter ya estaba sumergido en su control remoto con pinzas raras, destornilladores y alambres. Lali tuvo que entrar a buscarlo.
-Te digo que la puerta no cierra -le repitió.Bueno, déjala así.
-¿Abierta?
-Sí, ahora voy.
-¿Por qué no llamás a tu mamá? -sugirió Lali que ya se estaba poniendo nerviosa.
-Porque no está -le confesó Peter sin sacar la nariz del soldador.
-¿Pero no se está bañando? -Lali estaba cada vez más nerviosa: si su mamá se enteraba de que estaba sola con Peter y que además, habían roto la puerta del ascensor, se iba a comer una penitencia de aquellas.
-No. Dije que se estaba bañando para que tu mamá te dejara entrar -le explicó Peter-. No creo que lo puedo arreglar ahora, se me acabó el estaño.
-Bueno, dejalo y vamos a cerrar la puerta.
Lali insistía. Por lo menos que nadie fuera a quejarse.
-Vamos. Traé ese martillo -le dijo Peter desde el pasillo.
Lali salía con el martillo en la mano cuando sonó el timbre del portero.
-¡Mi mamá! -se sobresaltó Lali.
-No, debe ser alguno de los chicos.
-Seguro que es mi mamá.
-Mirá, quedate tranquila, porque si es tu mamá, no puede subir porque no hay ascensor.
Peter atendió el portero eléctrico. Lali tenía la oreja pegada al tubo, pero no escuchaba nada.
-No, señora. Mi mamá no está (...) Lali está sola conmigo, sí (...) ¿Los chicos? No, no viene nadie más, estamos solos, pero no podemos bajar porque Lali rompió el ascensor.
A Lali se le llenaron los ojos de lágrimas. Las piernas le temblaban.
-¿Qué se la lleva a su casa? Bueno, pero suba por la escalera porque el ascensor no anda. Tu mamá -confirmó Peter.
Lali, muda para siempre, agarró su mochila y sin soltar el martillo comenzó a caminar hacia la puerta. Escuchaba pasos en la escalera cada vez más cercanos. No se le ocurría pensar, ni siquiera, una excusa para salvarse.
Terminaron los pasos en los escalones y avanzaron por el pasillo. Sonó el timbre del departamento y, sin esperar respuesta, se abrió la puerta. A Lali se le cayó el martillo de la mano.
-Hola... -saludó el papá de Peter.
Lali se largó a llorar, no sabía bien si del susto o porque el martillo le había dado en el pie.
-¿Pasa algo? -preguntó el padre de Peter extrañado.
-No, nada, que se trabó la puerta del ascensor -le contestó Peter haciéndose el desentendido.
-¿Y por eso está llorando? -volvió a preguntar el padre de Peter, sospechando que planeaban algo.
-Eh... sí. Ella, cada vez que se rompe algo llora. Es muy... sensible. Mirá, llora hasta cuando se le rompe la mina de un lápiz -Peter se dió cuenta que no había sido muy convincente-. Cuando la madre hace la comida y rompe un huevo, también se pone a llorar.
Lali se rió. Al fin había zafado. Después de todo, él le había querido hacer una bromita y la tonta se había puesto a llorar. ¡No era para tanto!
-Bueno -dijo el padre de Peter-, vamos a arreglar esa puerta.
Agarró el martillo, salió al pasillo y pegó un martillazo en el riel.
-Ya está -dijo-. Me tengo que acordar de avisarle al portero que esta puesta se traba todo el tiempo.
Peter y Lali se miraron. Las paces estaban hechas. El padre de Peter se metió en la cocina y se tentaron. Peter escondió el control remoto y Lali se sacó la media para ver cómo tenía el pie. Él pensó que Lali tenía pies grandes, pero dada la estatura de un metro cuarenta y siete de Lali sus pies eran chiquititos. Ella se puso colorada cuando se dió cuenta que Peter la estaba mirando. ¿Por qué esa desgracia de ponerse colorada por cualquier cosa?
Sonó el timbre. Era Eugenia.
-¿Y Nico? -preguntó Euge mientras entraba.
-Todavía no llegó -le contestó Peter.
-Espero que no tarde, a mi me vienen a buscar a las siete -dijo Lali.
-Entonces empecemos -les propuso Eugenia.
-No, che, esperemos a Nico -dijo Peter.
-¡Quién sabe a que hora viene! -protestó Lali.
-Está bien, lo esperamos diez minutos -Euge no quería empezar sin Nico. Después de todo, él había ideado el plan.
-Esperen que busco galletitas. ¿Quieren Coca? -les preguntó Peter.
-Bueno.
¿Para qué había ofrecido Coca si era seguro que no había? Ni siquiera sabía si había galletitas. Algo iba a encontrar. Sí, el tarro de las galletitas abierto y vacío. Su papá se había comido las últimas.
Peter volvió con dos panes y un sifón.
-Es lo único que encontré -les dijo-. No hay ni manteca.
Lo salvó el timbre.
-¡Nico! -gritaron los tres al mismo tiempo.
Peter fue a atender.
-Che... ¿alguien le dijo a Candela que venga? -preguntó cuando volvió a la cocina.
-¿Candela Vetrano? -dudó Euge y Peter asintió-. No. Le habrá dicho Nico.
Llego Cande con una coca en la mano.
-¡Uy! ¡Coca! Mató -fue el saludo de Peter.
Cande se sacó la campera y se sentó en el sofá. Nadie hablaba.
-¿Hicieron la tarea de La Foca? -preguntó por decir algo.
-No.
Los chicos se miraron: ¿sabía o no sabía?
-Yo tampoco. No compré ni el mapa todavía -siguió Candela.
Se volvieron a callar. Mejor que llegara Nico antes de preguntarle nada. Volvió a sonar el timbre.
-¡Nico! -gritaron Lali y Euge.
-No, Pablo -anunció Peter asomándose desde la cocina. Y el timbre volvió a sonar.
-¡Nico! -repitieron las chicas.
-Rocío y Mery.
Entró Pablo con un paquete de papas fritas, Rochi y Mery con más Cocas. Siguió sonando el timbre. Llegaron Gastón, Vico y Daky. Gas traía una pila de CDs y los puso en el equipo. Algunos comenzaron a bailar. Peter seguía atendiendo el portero y trayendo vasos. Las chicas seguían gritando ''¡Nico!'' cada vez que sonaba el timbre. Llegaron Paz, Guadalupe y Agustina. Llegó Maxi. Se sumaron al baile. Peter, Euge y Lali se miraban. No podían hablar. ¿Por qué no llegaba Nico? Les había hecho una broma pesada. ¿Habría invitado realmente a todo el grado? Lo único que faltaba es que también viniera Paula. Timbre otra vez.
-¡Nico! -repitieron las chicas incansables.
-Sí, Nico.
Los tres suspiraron aliviados y corrieron a esperarlo en el ascensor.
-¿Se puede saber por qué les dijiste a todos? -lo atajó Euge, furiosa.
-¿A todos? -Nico no entendía nada.
-A todo el grado, dejá de hacerte el idiota -le dijo Lali.
-¿Están locos? ¿Qué le dije a todo el grado qué?
-Que vengan a mi casa -le aclaró Peter.
-¡¡Uy!! Que plomos están. Está bien, che, disculpen. Se me hizo tarde, no es para ponerse así tampoco, ¿no? -dijo Nico mientras abría la puerta del departamento.
-¿Y esto qué es? -gritó cuando vio a sus compañeros.
-Eso es lo que queremos que ''vos'' nos expliques -le dijo Euge.
-¿Yo?
-Sí, vos, que les dijiste que vengan -le reprochó Lali.
-¿Qué te pasa, nena? Yo no le dije nada a nadie -se defendió Nico.
-¿Estás seguro? -le preguntó Peter.
-No sé -dijo Nico-. Por ahí soy sonámbulo y hablo dormido.
-¿Entonces quién les avisó? -Peter estaba asombrado y, ademas rogaba que su mamá no llegara justo en ese momento.
-Averigüemos -Nicolás paró la música y ante la sorpresa de todos gritó-: ¿Se puede saber quién organizó esta fiesta?
-¡Peter! -dijeron todos a coro.
-No, yo no fuí -se defendió Peter.
-¡Qué no! A mí me avisó Paula. Me dijo que vos tenías el teléfono roto y que no podías llamar a todos.
Así que había sido un plan de Paula. Nicolás quería irse hasta la casa y reventarla a piñas. Lo convencieron de que era inútil. Evidentemente, en el medio del baile, no podían planear la rateada de mañana. La única esperanza era que los vinieran a buscar a todos antes que a ellos tres. Imposible. Paula había dicho que la fiesta era hasta las diez. Peter estaba listo. Su mamá iba a volver a las ocho. No había forma de que no se encontrara con la fiesta sorpresa y era difícil que le creyera esa pavada.
Decidieron que lo de mañana iba a ser sin planificar y que cada uno llevaría lo que le pareciera necesario. Y que, en vista de las circunstancias, lo mejor era ponerse a bailar ellos también.
A Lali la vinieron a buscar a las siete en punto, y a Euge a las siete y media.
Nico también se tuvo que ir y Peter se quedó bailando hasta que se fue el ultimo.
Esa noche, en sus casas, los cuatro estuvieron dando vueltas, hasta tarde. Iban poniendo en una mochila todo lo que creían que podía ser útil en un sótano. Después sacaban la mitad, lo volvían a poner. Se durmieron tardísimo, pensando si no se habían olvidado nada; y, con miedo de que alguien pudiera sospechar, pero armando y desarmando una y mil veces ese sueño, ahora posible, que era descubrir un lugar secreto para los cuatro, lejos del mapa de La Foca.
A la mañana siguiente todos se despertaron antes de que los llamaran. Todos menos Nicolas que, por supuesto, se quedó dormido y llegó tarde al colegio.

Espero que les guste :)
Juli. (@esposmysmile)

4 comentarios:

  1. me dan ternura jajaj, el lio que se armo me lo imagino, la cara de lali, nico confundido, la gente llegando, el asensor que se rompio todo, esta buenisimo jaja

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  2. no se lo leo y me da ternura, es como que me imagino sus cara, como estan vestidos, todo, las pares graciosas, lali y euge cansadas de decir NICO. me encana esa novela

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