sábado, 21 de febrero de 2015

01

-Peter ya tiene la llave del sótano -le dijo Euge a Lali mientras buscaba en su mochila la carpeta de Lengua.
-¿Qué llave?
-La del sótano, nena.
Lali sintió un escalofrío que le subió desde el dedo gordo hasta la punta de la trenza. Se puso colorada. ¡Siempre le pasaba lo mismo! Le pareció que todos los chicos la miraban, que la maestra la miraba, que la directora también la miraba a través de las paredes. Estaba segura de que todos habían escuchado lo de la llave y que estaban esperando que ella diera una buena explicación.
-¿Para que sirve la llave, Mariana? -preguntó la maestra que estaba haciendo un análisis sintáctico en el pizarrón. Todo estaba perdido: había escuchado.
-Yo no fuí seño, fue... -se apuró a decir.
La interrumpió una carcajada general.
-La llave que dibujé en el pizarrón, ¿para qué sirve? -repitió la maestra.
-¡Ah! Yo creí que hablaba de la llave... -ahora la interrumpió una patada de Eugenia-. La llave sirve para marcar el sujeto.
-Bien, Espósito. A ver si se despierta m'hijita.
-¡Imbécil! Casi lo arruinás todo -susurró Euge.
-Es que estaba pensando en el sótano Euge... nos van a pescar.
-No nos van a pescar nada y nos vamos a re-divertir, cortala.
-¿No lo podemos dejar para el año que viene?
-¿Sos idiota? ¡Mirá si vamos a venirnos del secundario a ratearnos al sótano de esta escuela!
Euge odiaba a Lali cuando se ponía nerviosa y tonta. Hasta pensó en dejarla fuera del plan. Pero Lali era su mejor amiga desde primero... Y además, cuando se le pasaba el miedo, hasta era divertida... Y además, no iba a ir sola con los dos chicos para que la verdugueen todo el tiempo... Y además, los chicos no iban a querer. Y además, ella también tenía un miedo bárbaro mezclado con unas ganas bárbaras de ir. No era cuestión de achicarse ahora y tener que bancarse el gaste de Peter y de Nico.
Euge tenía cosquillas en el estómago. Faltaban años para que llegara el día siguiente. Les iba a decir a los chicos que fueran esta tarde a su casa para planear bien todo. No, mejor a casa de Nico, que seguro que la madre no estaba. No, a la casa de Nico tampoco, porque a Lali no la iban a dejar. Mejor reunirse en la plaza. La plaza era el lugar más seguro. Rompió una hoja borrador y escribió: ''Esta tarde a las cinco nos encontramos en la placita''. No la firmó, por si alguien la leía, y se la pasó a Lali.
-¿No iba a ser mañana? -le preguntó Lali después de leerla.
-Hoy es para organizarlo todo, pasala.
-¿Organizar qué?
-¡Pasala!
-¿A Peter? -volvió a preguntarle Lali.
-No, a la maestra. -se burló Euge.
Decididamente, hoy Lali estaba tonta.
Euge le sacó la nota. Se estiró por atrás de Lali y le pasó el papelito a Peter por debajo del banco. Esperó de reojo la respuesta de un okey que llegó enseguida. Listo. ¡Uy!... no había copiado nada de lo que había en el pizarrón, ¡Y Lali tampoco! Empezó a escribir a mil.
De repente, cayó un bollito de papel sobre la hoja. Lo abrió. Era el mismo papel que ella había mandado y traía respuesta: ''Voy a estar ahí a las cinco en punto. Gracias por invitarme''.
Miró a Peter para decirle que había recibido la respuesta, pero Peter estaba copiando. Miró a Nico, pero Nico estaba leyendo una revista. ¿Quién había mandado esa nota? Todos los chicos estaban haciendo el ejercicio, o haciéndo que hacían el ejercicio. Escuchó una risita atrás suyo. Se dió vuelta y ahí estaba Paula, saludándola con esa horrible mano regordeta de uñas comidas.
¿Cómo diablos había hecho para agarrar el papel? ¿Cómo sabía que ella lo había escrito? Seguro que la había visto cuando ella lo pasaba. Siempre estaba con las antenas paradas para enterarse de todo.
Tenían que cambiar de lugar: plan que Paula descubría era plan arruinado. Pero mejor lo arreglaban a la salida, ¡y que Paula fuera a la plaza si quería! Por lo pronto, ya estaba enterada de que tramaban algo. ¿Sabía quiénes? ¿Sabía qué? Lo único seguro, era que intentaría enterarse de todo.
Sonó el timbre de salida. Eugenia guardó todo en la mochila y se acercó al banco de los chicos.
-En la plaza no se puede -les dijo-. Se enteró Paula.
-¿Paula? -Peter no lo podía creer- ¿Cómo hizo la gorda para leer el papel?
-¿Cómo hizo? ¿Cómo hizo? Lo leyó -Nico estaba furioso-. Lo leyó porque ustedes son dos salames que se andan pasando papelitos delante de ella.
-¡Pero yo me lo guardé en el bolsillo! -se defendió Peter-. ¿Qué tiene Paula, rayos láser?
-No, ella no tiene rayos láser, vos tenés el bolsillo agujereado, gil -le contestó Nicolás.
-Bueno, paren. Lo que es seguro es que hay que cambiar de lugar -dijo Eugenia.
-Podemos reunirnos en mi casa -propuso Peter.
-¿Para que vamos a ir a tu casa...? -sonó la vocecita chillona de Paula en sus orejas.
-Para matar a una gorda metida, ¿querés venir? -le contestó Nico.
-¡Tarado!
Y con esa respuesta, Paula se fué a formar ofendida, pero con la oreja atenta a pescar en qué andaban sus compañeros.

El encuentro de esa tarde estaba resuelto: a las cinco en la casa de Peter. Se despidieron en la puerta después de recomendarse mil veces que nadie hablara del asunto ni con el espejo.

Capítulo 1 ☺ Espero que les guste!
Ya estoy odiando a Paula jajaja :p

Mi otra novela: laliypeternovelaslaliter.blogspot.com.ar

Juli. (@esposmysmile)

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