El jueves era un día plomo en la escuela. Tres horas de Lengua, una de Música y una Geografía con '' la Foca ''. De las cuatro maestras que tenian los séptimos, esta era la mas odiada. Pertenecia a la clase de maestras ''podridas '': Todo el tiempo pedia mapas prolojitos, bibujos pintaditos, daba pilas de tarea, tomaba lecciones o pruebas todas las clases, era aburrida, no dejaba hablar, no los dejaba correr en el recreo, gritaba y palmeaba todo el tiempo como una... foca. Además era y fea, con unos anteojos que resbalaban por la nariz ganchuda, y unos horribles y amarillos dientes.
Desde el comienzo del año, los chicos buscaban la forma de desaparecer de su clase, pero sabian que era imposible. Hasta que a Nicolas se le ocurrió el plan de esconderse en el sótano del colegio con sus tres mejores amigos: Peter, Euge y Lali.
Al comienzo, todos se negaron. La idea parecia muy riesgosa. Nico, de a poco, fue elaborando un plan. ¿Qué Problema habia en decirle que sií? Total... Nunca conseguirían la llave. Pero Nico tenía todo muy bien organizado.
El sótano era un misterio para todos los chicos de la escuela. Estaba cerrado con llave y no se abría jamás. Muy de vez en cuando, Ramón, el portero, bajaba con algún mueble en desuso o alguna caja llena de cosas, y lo volvía a cerrar. A veces, también, alguien decía que había escuchado ruidos en el sótano y entonces empezaban a circular historias sobre fantasmas y espíritus, pero después de un tiempo, todo el mundo se olvidaba.
Ratearse al sótano era bueno para salvarse de la hora de la Foca, pero era mucho mejor para pasar el rato en un lugar desconocido, donde nadie los pudiera encontrar, bajo tierra, los cuatro juntos.
Hoy era el día. Jueves, durante la última hora. Peter había tardado mucho en conseguir la llave. Con la excusa de pedirle herramientas a Ramón o de ayudarlo con algo, Peter tenía que conseguir el llavero, probar cuando nadie lo viera las millones de llaves que Ramón llevaba colgando en la cintura hasta encontrar la del sótano y sacarla. En realidad, esto no era díficil para Peter porque Ramón, con frecuencia, le daba el llavero para que busque algo en el cuartito de limpieza o en algún armario. Pero se había demorado porque tenía mucho miedo de que lo descubrieran.
Hoy tenían la llave. Era muy poco probable que la Foca se diera cuenta de su ausencia. Por lo general, los jueves a la última hora no tomaba lección y dibujaba en el pizarrón mapas interminables que todos copiaban. Jamás se daba vuelta, salvo para pegarle un grito a alguien que estaba hablando. Pero como ellos no iban a estar, no tenía por qué gritarles.
Paula llegó esa mañana contentísima, esperando la bronca de los chicos por lo que les había hecho el día anterior para poder reírse en sus propias narices. Pero los cuatro estaban tan preocupados con la rateada, que ninguno le dió bolilla. Y para colmo, el resto del grado no hacía más que hablar de lo bien que lo habían pasado en la casa de Peter. Paula se mordía los codos con bronca. Últimamente nada le estaba saliendo bien. Ella sabía que nadie la soportaba en el grado, pero eso no era lo que la preocupaba. Pensaba que nadie la tragaba por envidia, porque todas las maestras la trataban bien, porque su papá era el Presidente de la Cooperadora desde hacía mucho... Pero lo que sí le daba bronca, era molestar a sus compañeros y que ellos no se enojaran. Esto la ponía furiosa. Claro que pasaba muy pocas veces, porque las bromas de Paula eran pesadas, desagradables y antipáticas. Y más de una vez se había tenido que pelear a las piñas con alguno de sus compañeros. Total... ella tenía más fuerza que muchos de ellos.
Esto de ayerhabía sido una obra maestra de maldad y no parecía importarle a nadie.
Algo estaba sucediendo. Había que investigar.
Durante la hora de Lengua, Lali y Eugenia no pudieron dejar de cuchichear.
Eugenia había traído galletitas y un peine. Nadie entendía para qué podía servirles un peine en el sótano, pero ella afirmaba que a lo mejor si se despeinaban y que si salían despeinados alguien podía sospechar.
-De mí van a sospechar si me ven peinado -le dijo Nicolás que usaba el cómodo sistema de peinarse con la mano.
-Vos, si no querés, no te peines, pero yo no pienso salir del sótano hecha una bruja -y con eso, Eugenia dió por terminado el tema.
Lali había estado pensando todo el día en qué podía necesitar en el sóitano. Pensó en una escoba por si estaba muy sucio, pero le pareció muy sospechoso venir con la escoba a la escuela. Se decidió por un repasador por si tenía que sentarse en el suelo para no ensuciarse el delantal. Después pensó en las cosas que llevaba su mamá cuando salían de vacaciones, y metió todo lo que pudo en la mochila: curitas, alcohol, pomada para los golpes, gotas para la nariz, aguja e hilo y un par de botones.
Decididamente, las chicas no tenían idea, pensó Nicolás, casi arrepentido de haberles dicho, aunque a él tampoco se le ocurría demasiado que llevar. Se decidió por algo para comer y una revista de historietas, por si le resultaba aburrido.
El que cargó con un verdadero arsenal de artefactos fue Peter. Una linterna por si no había luz, su mp3, una soga, un destornillador, algunos alambres y tornillos y su último invento, el control remoto, porque nunca se sabe con qué puede encontrarse uno ahí abajo.
La hora de música fue insoportable. Las canciones eran chicle. La voz de pito de la profesora les agujereaba los oídos y Paula se había instalado justo en la fila de atrás. No los dejaba ni respirar. Preguntaba para qué a todo lo que les escuchaba decir, hasta cuando estornudaban. Ni las amenazas de Nicolás lograron espantarla esta vez.
El problema iba a ser deshacerse de ella en el recreo. Los chicos podían esconderse en el baño, pero las chicas no iban a poder escapar tan fácilmente. Si no se podían sacar a Paula de encima, chau sótano.
Nicolás tuvo una idea. La llamó y le dijo:
-Si vos prometés ayudarnos, te contamos lo que vamos a hacerle a la Foca.
Paula entró sin sospechar nada. ¡Por fin iba a enterarse de lo que estaba pasando!
-Durante el recreo vamos a llenar bombitas de agua en el baño y cuando empiece la clase, la vamos a vaciar contra la pared y le decimos a la Foca que pierde un caño y que se está inundando el aula. Entonces no va a dar la clase o, por lo menos, va a perder un montón de tiempo -le explicó Nicolas.
-¿Y yo que tengo que hacer? -preguntó Paula, que tan entusiasmada que estaba porque le habían avisado, no se daba cuenta de que era un plan descabellado.
-Vos tenés que entretener a la maestra. Traela al aula en el recreo y le mostrás la carpeta, no sé, lo que quieras. Algo se te va a ocurrir a vos que sos tan inteligente.
Paula no lo podía creer. ¡Nicolas confiaba en ella! Claro que era inteligente, iba a inventar algo bárbaro.
-¡Ojo! -recalcó Nico- que no vaya a salir del aula.
-No te preocupes, dejame a mí -lo tranquilizó.
Listo. Con eso, Paula se iba a pasar el recreo ocupada y, por suerte, la Foca también. Había sido redondo.
En ese recreo, los chicos no pudieron ni jugar, ni hablar, ni nada de nada. A cada rato les parecía que alguien los miraba, que toda la escuela los vigilaba. Antes de que tocara el timbre, se fueron al baño y ahí esperaron. Paula había cumplido con lo suyo: la Foca ni apareció.
Se escondueron en el baño. Lali aprovechó para hacer pis como cinco veces. Escucharon el timbre. Escucharon a las maestras llamando a formar. Las voces de los chicos que se callaban. El típico grito de la de cuarto grado pidiendo silencio. Las puertas que se iban cerrando.
Peter fue el primero en salir. Nadie en el pasillo. El sótano estaba frente al baño, apenas unos metros más allá. No había aulas en esa zona. Peter cruzó silbando y puso la llave en la cerradura. Si alguien lo veía, podía decir que Ramón lo había mandado a buscar algo. Pero nadie pasó. Entró y dejó la puerta entornada. Atrás de él se metió Nicolas, como una ráfaga.
-¿Y las chicas? -preguntó Peter.
-Qué sé yo -dijo Nico-. Se estarán peinando.
-¿Cómo se van a estar peinando?... Por ahí se arrepintieron.
-Entonces, vamos -Nicolas empezó a caminar.
-No, pará -lo detuvo Peter-. Esperemos un cachito. Por ahí no pudieron salir.
Y era cierto. Justo cuando estaban por salir del baño escucharon que la canilla de la pileta estaba abierta. Se subieron al inodoro para que no les vieran los pies. Lali ahogó un estornudo que le hizo perder el equilibrio y meter el pie en el inodoro. Eugenia se retorcía de risa y nervios. ¿Quién podía lavarse las manos tanto tiempo? La canilla no se cerraba nunca. Si seguían tardando, los chicos se iban a ir sin ellas. Eugenia se estiró para ver por arriba de la puerta. ¡No había nadie en el baño! La canilla había quedado abierta. Nunca había habido nadie.
Salieron, se asomaron al pasillo y se volvieron a esconder. Ahí venía la profesora de gimnasia con los de segundo. Esperaron a que pasaran. Volvieron a salir. A los empujones, se metieron en el sótano justo cuando Peter ya estaba cerrando la puerta.
-Casi nos vamos sin ustedes -les dijo Peter.
-¡Uy! No sabés -empezó Eugenia-, estábamos en el baño, ¿no?, y cuando tocó el timbre escuchamos una canilla abierta y entonces nos subimos...
-¡Para de hablar, cotorra! -le dijo Nicolas tapándole la boca-. Vamos.
Cuando cerraron la puerta quedaron en total oscuridad. Sólo distinguían el reflejo de sus delantales blancos. Se agarraron de la mano y empezaron a caminar.
En el aula, Paula, sonriente, esperó la llegada de sus compañeros. Suponía que cada uno traía una bombita llena de agua, escondida en algún lado. A medida que entraban los miraba como diciendo: ''Y... ¿todo listo?'' Pero nadie le contestaba.
Esperó a que llegara Nicolas. Por ahí, era el único que lo sabía. Pero Nicolas no llegó, ni llegó Peter, ni Lali, ni Euge. La Foca comenzó la clase. Los chicos no aparecían y Paula empezó a sospechar que le habían tomado el pelo. Lo primero que pensó fue en vengarse de ellos diciéndole a la Foca que faltaban cuatro compañeros, pero no se animó. Además, mejor iba a ser descubrir ella misma dónde se habían metido. Fingiendo que copiaba el mapa hacía conjeturas para adivinar dónde podían estar. Trató de recordar todo lo que había escuchado los últimos días. La Foca seguía dibujando.
Bien hecho, genio Nico ahre. Bueno.
¡Perdón la tardanza! Aunque fue largo el capítulo así que no se pueden quejar, ¡eh!
No se pueden perder el siguiente, ¡los chicos en el sótano! :o c: bue.
juli. (@esposmysmile)